Se conoce como distorsión cognitiva a la manera equivocada de interpretar la información recibida, y que muchas veces da pie a problemas emocionales. Muchos de los problemas que experimenta la mayoría de las personas son producto de una connotación errónea de las palabras escuchadas, leídas, o sobre alguna situación que haya presenciado.

Cada ser humano tiene una manera particular de interpretar lo que sucede a su alrededor, ya que dependerá de muchos factores vinculados a su experiencia personal. Pero aquellos que constantemente sufren de distorsiones cognitivas, por lo general, tienen algún trastorno, como depresión.

Las personas con depresión o con trastorno paranoide de personalidad tienden a procesar de forma irracional lo que pasa en su entorno. Es muy posible que malinterpreten lo que los demás dicen sobre ellos o un tercero.

Cuando hay una distorsión cognitiva la mente se aleja un poco de la realidad y procesa la información sin tomar en cuenta argumentos válidos, pruebas u otros elementos que les aclare las ideas.

Ejemplos de distorsiones cognitivas

  1. Pensamiento dicotómico (todo o nada). Ej.: Si no me aceptan en esta universidad no aplicaré para ninguna otra.
  2. Abstracción selectiva. Se deposita en un elemento toda la negatividad, dándole una importancia irracional. Ej.: No aprobaré el examen porque no leí la página 22 del libro.
  3. Personalización. Pensar que algo que alguien dice o hace es en nuestra contra. Ej.: Cuando dije que quería café mi compañero que pasó cerca de mí suspiró profundamente, seguro pensó que estoy molestando.
  4. Perfeccionismo. Obsesión absurda por hacer todo ‘perfecto’. Lo que trae como consecuencia decepción y/o frustración.
  5. Sobregeneralización. Partir de una situación para sacar conclusiones generalizadas. Ej.: Manuel me dejó plantada en el altar; ningún hombre me valorará jamás.
  6. Descontar lo positivo. No mirar lo bueno que sucedió, sino encontrar el elemento negativo a fuerza. Ej.: Gané la carrera, pero seguro me dieron ventaja porque soy lento.
  7. Saltar a las conclusiones. Pensar en conclusiones apresuradas y negativas evitando hacer lo necesario para lograr otro resultado. Ej.: No iré a la fiesta, porque no encontraré quién quiera bailar conmigo.
  8. Leer la mente. Suponer lo que otro piensa acerca de nosotros. Ej.: Mi novia no me lo dice, pero sé que piensa que soy un perdedor.
  9. Adivinación. Tendencia a suponer y asumir. Ej.: Aunque me levante más temprano y me organice, no llegaré puntual al trabajo.
  10. Maximización. Exagerar los problemas para justificar fracasos. Ej.: No me quiso preparar la cena, seguro quiere dejarme.
  11. Minimización. No valorar las experiencias al pensar que son poca cosa. Ej.: No me quiere lo suficiente, pues, solo me regaló un ramo de rosas en mi cumpleaños, no me organizó una fiesta.
  12. Razonamiento emocional. Crear conclusiones en base a emociones previamente experimentadas. Ej.: No quiero darle mucha confianza a Miguel porque en el trabajo son unos hipócritas.
  13. Declaraciones de “debería”. Expectativas poco justificadas. Ej.: Debería educar mejor a su hijo porque no puede estar quieto.
  14. Etiquetar. Crear estereotipos o calificarse de forma negativa a sí mismo con alguna palabra ofensiva o despreciativa. Ej.: Soy el peor estudiante de esta escuela.
  15. Catastrofismo. Se decreta que pasará lo peor posible. Ej.: Es muy posible que al leer mi currículum se ría y no me contrate. Mejor no lo enviaré.
  16. Culpabilidad inapropiada. Ej.: Yo le consulté algunas dudas al profesor; se dio cuenta de que no estudié lo suficiente. Seguro puso el examen más difícil por mi culpa.
  17. Construcción de la valía personal según las opiniones de los demás. Ej.: Las personas que me escucharon se rieron de lo que dije. Es que soy muy ignorante.